
El empleo agrícola chileno enfrenta una paradoja: mientras las visas laborales para extranjeros aumentan con fuerza, casi la mitad de los ocupados del sector agropecuario-silvícola-pesca se desempeña sin contrato formal y con ingresos muy por debajo del promedio nacional. Así lo revela un informe del Observatorio del Contexto Económico de la Universidad Diego Portales, que caracterizó la realidad laboral de una rama productiva clave para la zona centro-sur del país.
El análisis, dirigido por el economista Juan Bravo, llega en un momento en que las visas laborales entregadas en el primer semestre crecieron 11,1% respecto del mismo período del año anterior, alcanzando las 121.977. De ese total, el 70% correspondió a ciudadanos bolivianos, con 84.717 permisos. Sin embargo, el informe advierte que estas cifras no se traducen directamente en ocupación efectiva dentro del agro.
CONTEXTO LABORAL
La rama agropecuario-silvícola-pesca ha perdido peso como fuente de empleo en la última década. Mientras en el trimestre abril-junio de 2013 representaba el 8% del empleo total, en el mismo período de 2026 bajó a 5,4%. Pese a esa reducción, el sector sigue siendo relevante en regiones como O’Higgins, donde concentra el 14,4% del empleo regional, seguido por El Maule con 13,7% y Ñuble con 13,6%.
En el extremo opuesto están Tarapacá y la Región Metropolitana, donde la rama solo representa el 1,6% del empleo total. El informe precisa que el peso del sector tiende a ser mayor en la zona centro-sur, entre O’Higgins y Los Lagos.
Juan Bravo sostiene que la actividad enfrenta desafíos relevantes en materia laboral. Por un lado, los empleadores del rubro denuncian la falta de trabajadores locales dispuestos a cumplir labores agrícolas, lo que ha impulsado la solución migratoria como herramienta para garantizar la continuidad de la producción. Por otro, las condiciones de trabajo muestran altos niveles de informalidad y una baja presencia de contratos estables.
INFORMALIDAD Y CONTRATOS
Al trimestre abril-junio de 2026, el sector registró 290.063 ocupados formales y 213.961 informales. La tasa de ocupación informal alcanzó 42,5%, la tercera más alta del país, solo superada por las ramas de Hogares como empleadores y Otras actividades de servicios. El promedio de toda la economía es de 27%.
El ingreso promedio mensual del sector es de 630.701 pesos, el tercero más bajo entre las ramas productivas y muy por debajo del promedio nacional de 962.945 pesos. Bravo atribuye esta brecha a la escasa presencia de trabajadores con educación superior completa y a la elevada informalidad.
En cuanto a la modalidad contractual, el 68,6% de los ocupados del sector declara trabajar bajo subordinación, es decir, como empleado u obrero para un empleador. Del total de 345.785 ocupados en esa condición, 184.833 tienen contrato escrito a plazo indefinido, 76.914 a plazo definido y 82.126 no tienen contrato escrito. Otros 1.912 no pudieron ser clasificados.
Eso implica que solo el 53,8% de los ocupados subordinados cuenta con un contrato escrito a plazo indefinido, un elemento clave para la estabilidad laboral. El sector es el tercero con menor cobertura de contratos indefinidos, solo por encima de la construcción y de hogares como empleadores.
VISAS Y TRABAJADORES EXTRANJEROS
Pese al alto número de visas otorgadas a ciudadanos bolivianos, la presencia de trabajadores extranjeros en la rama es menor a la observada a nivel nacional. Al trimestre abril-junio de 2026, el 93,1% de los ocupados del sector es de nacionalidad chilena, mientras que solo el 3% es boliviano y el 3,9% proviene de otras nacionalidades. Así, la participación de extranjeros llega a 6,9%, frente al 10,8% del total de la economía.
Juan Bravo explica que la obtención de una visa no implica necesariamente que la persona trabaje en el agro. Los permisos habilitan para trabajar, pero los beneficiarios pueden desempeñarse en comercio, restaurantes u otras actividades, o incluso dejar de estar ocupados después de conseguir un empleo. El número de ocupados, en cambio, mide a quienes declararon haber trabajado al menos una hora en la semana anterior a la encuesta.
BRECHA REGIONAL Y EDUCATIVA
El nivel educativo es otro factor distintivo del sector. Solo el 14,4% de los ocupados en la rama agropecuario-silvícola-pesquera tiene educación superior completa, excluyendo a los no clasificados. Ese porcentaje contrasta fuertemente con el 42,7% que alcanza este segmento en el empleo total, lo que confirma que la actividad absorbe preferentemente a trabajadores con menor calificación.
El informe del OCEC-UDP deja en evidencia que la agricultura sigue siendo un sector estratégico para la generación de empleo en varias regiones, pero con déficits estructurales en formalidad, ingresos y estabilidad contractual. La combinación de alta informalidad y baja calificación plantea un desafío para las políticas públicas laborales y migratorias del país.
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.







