
La filósofa y académica francesa Chantal Delsol, una de las voces más lúcidas del pensamiento conservador contemporáneo, desembarca en Chile con un libro que promete remover las certidumbres tanto de progresistas como de reaccionarios. En «El odio del mundo. Totalitarismos y posmodernidad», la discípula de Julien Freund y miembro de la Academia de Ciencias Morales y Políticas de Francia sostiene que el impulso totalitario de rehacer el mundo desde cero no ha desaparecido, solo ha cambiado de máscara. La obra será presentada este jueves a las 18:30 horas en la sede del Instituto de Estudios de la Sociedad (IES), en medio de un clima intelectual que ella misma diagnostica como una tensión entre quienes quieren abolir el mundo y quienes desean defenderlo.
UNA FILÓSOFA INCONFORMISTA
Chantal Delsol, nacida en París en 1947, construyó una trayectoria que esquiva los encasillamientos. Hija de un biólogo tradicionalista, fue llamada «la izquierdista de la familia» antes de virar hacia un conservadurismo liberal que la llevó a fundar el Instituto Hannah Arendt. En una entrevista concedida a La Tercera, la pensadora francesa se define como «liberal-conservadora» y reconoce que suele desconcertar. Hace meses causó controversia al invitar al magnate tecnológico Peter Thiel a la Academia de Ciencias Morales y Políticas. Su explicación es directa: quería que sus colegas constataran, dijo, «la mediocridad de su pensamiento, pese a la publicidad que se le brinda». Para Delsol, ciertas corrientes estadounidenses, aunque invoquen a grandes filósofos, son simplistas y hasta incultas.
EL JARDINERO Y EL DEMIURGO
El núcleo del nuevo ensayo de Delsol es una contraposición que funciona como alegoría del espíritu de una época. Frente a la figura del demiurgo, que aspira a crear desde la nada un mundo perfecto —un «mañana radiante», una «democracia del fin de los tiempos» o la «paz eterna»—, la autora propone la figura del jardinero. El jardinero no idealiza el mundo ni lo da por perdido; lo recibe, lo cultiva y lo mejora dentro de sus límites. «Ama el mundo no tanto por sus resultados, siempre inciertos, como por ese impulso permanente del que participa», explica. El demiurgo, en cambio, actúa como un dios sustituto, heredero de un cristianismo abandonado, y por eso su camino está sembrado de decepciones.
El análisis de Delsol conecta directamente con la historia occidental del siglo XX. Los totalitarismos utópicos devastaron el continente, pero su impulso de abolir la realidad para reemplazarla por otra sobrevive, sostiene, en la posmodernidad. La diferencia es que hoy el terror ha sido reemplazado por la burla como mecanismo de exclusión moral. «Quien quiere imponer algo recurre al sarcasmo», afirma, y añade que ese procedimiento es incluso más eficaz que la coacción física que emplearon los regímenes pasados.
LA AUTONOMÍA COMO RÉGIMEN CLANDESTINO
Para Delsol, las sociedades posmodernas no son genuinamente liberales. Están gobernadas por lo que el sociólogo Georg Simmel llamaba un «rey clandestino»: un principio que monopoliza el valor y tolera mal las otras creencias. En la Edad Media ese rey era Dios; en el Renacimiento, la naturaleza; en la modernidad, la igualdad. Hoy, afirma, ese principio es la autonomía del individuo. «Se ha vuelto imposible proponer una ley heterónoma, es decir, una ley impuesta desde arriba», señala, y agrega que en el discurso contemporáneo ser «fascista» equivale a defender cualquier forma de heteronomía.
FEMINISMO Y GÉNERO: ENTRE LA EMANCIPACIÓN Y LOS LÍMITES
Consultada sobre el feminismo, Delsol reconoce que el proceso de emancipación de las mujeres está lejos de concluir. Cita al historiador Emmanuel Le Roy Ladurie, quien estimaba que se necesitan dos siglos para reequilibrar sociedades después de transformaciones como la abolición de la esclavitud o la emancipación femenina. Advierte, no obstante, contra la radicalización de ese proceso. Cuestiona lo que llama la utopía del individuo como autor de sí mismo, particularmente en la discusión sobre el género. «Si soy una niña y quiero ser un niño, puedo cambiar mi nombre, vestirme como un niño, modificar mi cuerpo, pero sigo siendo una niña», afirma con franqueza. «Que los adultos jueguen con esto no me molesta», matiza, pero se opone a que se intervenga a niños pequeños para explicarles que su sexo fue sorteado al azar.
LA DERECHA REACCIONARIA TAMBIÉN ODIA EL MUNDO
Uno de los pasajes más provocadores del libro es el que Delsol dedica a quienes añoran un orden perdido. «Querer restaurar un orden perdido es tan insensato y terrorista como pretender instaurar una utopía», sentencia. A su juicio, tanto el progresismo mesiánico como el reaccionarismo que denigra el presente comparten un mismo rechazo a la realidad. Para la filósofa, tanto Marx como Fukuyama, desde posiciones antagónicas, compartían la idea de poner fin a la historia. Y hay conservadores que caen en la misma trampa. «Debemos amar el mundo tal como es, con todas sus adversidades», insiste.
Consultada sobre el escenario político global, con el ascenso de figuras como Donald Trump, Nayib Bukele o Javier Milei, Delsol lo interpreta como una reacción contra un progresismo excesivo en lo económico y lo social. Pero no cree que estemos ante un cambio de dirección irreversible. «No volveremos a las sociedades de la navegación a vela o de la autoridad patriarcal», dice. En el caso de Chile, que transitó del estallido social de 2019 al gobierno de Gabriel Boric y luego al avance de José Antonio Kast, la filósofa se muestra prudente. «Para un francés es difícil hablar del caso chileno», señala, aunque observa que en Francia el arraigo está muy mal visto y que la intelectualidad descalifica a Milei sin reconocer sus logros.
UN MENSAJE DE ESPERANZA ESTOICA
A pesar de diagnosticar tantas formas de rechazo de la realidad —desde el posmarxismo decepcionado hasta la derecha reaccionaria que desprecia el presente—, Delsol no se rinde al pesimismo. «Soy una católica impregnada de estoicismo», confiesa. Y deposita su confianza en «la maravillosa novedad de las personas que están por nacer». «Ellos tendrán ideas que nosotros no tenemos e inventarán cosas inéditas», vaticina. Solo hace falta, concluye, «mantener firmes los principios fundamentales, y a partir de ellos podrán surgir muchos otros mundos».
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.







