
La donación de órganos sigue siendo una asignatura pendiente en Chile: aunque la ley presume la voluntad de donar desde los 18 años, más de la mitad de las familias no ratifica esa decisión cuando llega el momento. Así lo advirtió el coordinador nacional de trasplantes, José Luis Rojas, en una entrevista transmitida por el canal TV SENADO CHILE durante la decimoquinta edición de Congreso Futuro, cuyo eje central fue la pregunta Humanidad, ¿hacia dónde vamos?
Rojas explicó que el principal obstáculo no es la falta de disposición individual, sino el silencio: muchas personas nunca comunican a sus cercanos si quieren ser donantes. En su experiencia, más del 50% de las ocasiones en que existe la posibilidad de donar, la familia no confirma esa voluntad porque la desconoce. Por eso insistió en que el primer paso es conversar el tema en el hogar, de manera sincera y anticipada.
El marco legal chileno establece que todas las personas mayores de 18 años son donantes presuntos. Quien no desee serlo debe manifestarlo expresamente, por ejemplo, mediante una declaración ante notario. Aun así, el proceso contempla siempre a la familia como interlocutora, no para pedir una autorización, sino para garantizar transparencia y para que actúe como garante de la última voluntad del fallecido. El modelo chileno, según Rojas, se inspiró en el sistema español.
Uno de los mitos que buscó despejar es el temor a que los equipos médicos no hagan todo lo posible por salvar una vida. Precisó que solo un 2% de las personas que fallecen se encuentra en una condición que permite la donación: la muerte cerebral o muerte encefálica, un diagnóstico sometido a un protocolo estricto, que solo se realiza en hospitales de alta complejidad.
La distribución de órganos, añadió, opera a través de una lista de espera única nacional, ordenada según la gravedad de los pacientes y sin distinción entre el sistema público y el privado. Según sus cifras, cerca del 80% de las personas trasplantadas pertenece a FONASA, lo que da cuenta del carácter transversal del sistema.
HUMANIZACIÓN DEL PROCESO
Más allá de los aspectos clínicos, Rojas puso énfasis en la dimensión humana del trasplante. Sostuvo que la muerte hospitalaria suele ser solitaria y que la donación ofrece la posibilidad de resignificar una pérdida. En varios hospitales chilenos, relató, el donante es acompañado por un pasillo en el que familiares y personal sanitario le agradecen. Para el coordinador, ese tipo de gestos debiera extenderse como práctica habitual en los sistemas de salud, más allá de la donación.
También recordó que cualquiera puede necesitar un órgano algún día. De hecho, señaló que es más probable requerir un trasplante que convertirse en donante, por lo que entender el sistema como una red solidaria resulta clave.
LOGÍSTICA Y TIEMPOS
En el plano técnico, el proceso comienza una vez que la familia ratifica la voluntad de donar. Se evalúa cada órgano, se repiten exámenes y se determina cuáles pueden ser trasplantados. Luego, el órgano se ofrece a los equipos según el orden que corresponde en cada lista, y se coordina la logística para el traslado, que puede ser aéreo o terrestre.
Los tiempos son críticos: un corazón debe ser trasplantado dentro de un máximo de cuatro horas después de su extracción. En el caso del riñón, el margen es mayor, aunque siempre es preferible reducir las horas. La geografía chilena, con más de 5.000 kilómetros de extensión, y las condiciones climáticas, especialmente en invierno, agregan complejidad a una operación que ya es de por sí exigente.
DESAFÍOS FUTUROS
En el marco de Congreso Futuro, Rojas también se refirió a las líneas de innovación que intentan ampliar la oferta de órganos, como los xenotransplantes, que buscan utilizar órganos de otras especies, particularmente de cerdo. Recordó que esa línea se intentó en los años 70 y 80 con malos resultados, pero que hoy ha vuelto a instalarse gracias a los avances en el control del rechazo. También mencionó el desarrollo de órganos artificiales.
Las cifras mundiales muestran la magnitud del desafío: cada año se generan alrededor de 48.000 donantes clásicos y se realizan unos 180.000 trasplantes, lo que no cubre ni el 10% de la lista de espera global. En ese contexto, el coordinador planteó que el objetivo inmediato de Chile debe ser aumentar su tasa de donantes por millón de habitantes, que hoy es de 11, frente a los 50 que alcanza España.
Para avanzar, Rojas propuso fortalecer el sistema nacional de trasplantes como una prioridad dentro de la estructura sanitaria, tal como ocurre en España. Además, mencionó la posibilidad de incorporar la donación tras paro cardíaco, una práctica que ya utilizan otros países y que exigiría ajustes legislativos en Chile.
EDUCACIÓN Y CAMPAÑAS
En materia de difusión, el coordinador señaló que las campañas comunicacionales y el trabajo con la sociedad civil son fundamentales, pero no bastan. Planteó que la educación sobre donación debería estar incorporada en las mallas curriculares de todas las carreras de la salud, para que ningún egresado desconozca el tema, y que en el futuro también llegue a los colegios.
Finalmente, Rojas destacó que los trasplantes realizados en Chile tienen sobrevidas similares o mejores que las de los países desarrollados. El problema, dijo, no está en el resultado de la cirugía, sino en la escasez de órganos. Mientras tanto, su mensaje central para la audiencia fue claro: hablar del tema en casa y comunicar a los seres queridos la decisión de ser donante, para que esa voluntad no quede en duda cuando más se necesita.
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.







