
El ministro del Interior y vocero de gobierno, el biministro Claudio Alvarado, salió a defender esta mañana el diseño de vocerías implementado por La Moneda y a la vez pidió un espíritu colaborativo al oficialismo, en respuesta directa a las críticas formuladas ayer por el presidente de la Cámara de Diputados, Jorge Alessandri. El timonel de la Corporación había acusado al Ejecutivo de perder la batalla comunicacional y de carecer de un vocero político exclusivo, cuestionamientos que Alvarado abordó en radio ADN con un llamado a no reducir los problemas de gobierno a un asunto de comunicaciones.
Jorge Alessandri (UDI) planteó ayer que el gobierno está perdiendo la batalla comunicacional. Según su argumento, al Ejecutivo le falta una figura que cumpla el rol de vocero político exclusivo, es decir, una persona dedicada de manera única a transmitir la postura oficial sin otras funciones que, a su juicio, dispersarían el mensaje.
El reparo de Alessandri no es el único que ha surgido desde el sector, aunque fue el más resonante por provenir de una de las más altas autoridades legislativas. La crítica se inscribe en un debate más amplio sobre la estrategia comunicacional del gobierno, que ha debido enfrentar cuestionamientos sobre la claridad y la oportunidad de sus mensajes públicos.
Frente a esas observaciones, Claudio Alvarado aseguró que no conoce a ningún gobierno que esté exento de la crítica comunicacional. En sus palabras, todas las personas que han ocupado la Secretaría General de Gobierno y los gobiernos en general siempre reciben alguna forma de cuestionamiento. Cuando surge una dificultad, dijo, las comunicaciones suelen ser señaladas como el problema, aunque no necesariamente lo sean.
El ministro enfatizó que respeta todas las opiniones que puedan expresar los parlamentarios y que él mismo fue parlamentario. En esa línea, sostuvo que siempre hay que escuchar, acoger y conversar, y que sería absurdo no estar disponible para corregir o mejorar algo si se detecta una falencia. Sin embargo, defendió el modelo actual: aquí hay un modelo distinto, y no necesariamente siempre una misma persona a la misma hora todos los días tiene que estar comunicando, porque eso puede no ser la mejor receta.
Alvarado también abordó la experiencia comparada con los gobiernos anteriores. Reconoció que desde 1990 en adelante Chile se acostumbró a tener voceros únicos que ejercían su rol todos los días. Pero explicó que el actual gobierno tomó una definición distinta: las cosas centrales y fundamentales del Ejecutivo las comunica el ministro del Interior, que además tiene la vocería. El gobierno, dijo, quiso tener y administrar en una sola mano la coordinación política, la coordinación programática y la coordinación comunicacional.
Consultado sobre si las vocerías sectoriales están funcionando, Alvarado respondió sin matices: sí, y estoy convencido de que es así. No obstante, aclaró que la réplica de esos mensajes del Ejecutivo también requiere de un espíritu colaborativo desde quienes tienen representatividad ciudadana en el Parlamento.
El ministro detalló que el gobierno envía todos los días minutos comunicacionales con los temas que le interesa difundir. Aun así, reconoció que en la contingencia el tema del vocero único suele imponerse en la agenda y termina colocando ruido a la comunicación oficial. Esa interferencia, planteó, dificulta que los mensajes sectoriales lleguen con la fuerza esperada.
El llamado de Alvarado apunta entonces a una corresponsabilidad: el Ejecutivo entrega la información y los parlamentarios, en especial los de oficialismo, deberían replicarla. Pero la discusión de fondo persiste en la arena política, con sectores que insisten en la necesidad de una vocería unipersonal y concentrada.
Las declaraciones de Alvarado no cierran la controversia, pero fijan con claridad la postura del gobierno ante los cuestionamientos. Mientras el oficialismo defiende un esquema coordinado desde Interior, la oposición y algunos sectores del propio oficialismo siguen pidiendo ajustes en la forma de comunicar.
La discusión, además, se da en un contexto donde la agenda legislativa y la percepción ciudadana sobre la gestión gubernamental están bajo escrutinio constante. El ministro, en ese sentido, insistió en que la fórmula actual busca justamente evitar que las comunicaciones se conviertan en un problema por sí mismas. Para Alvarado, el desafío no es quién habla, sino cómo se coordina lo que se dice.
Fuente: La Tercera
Nota del Editor Fotografía referencial generada por Inteligencia Artificial.







